“POSTALES DE LA TIERRA QUE ANDA”

Hasta el viernes 26 de mayo, se expone en el Espacio Cultural de la OEI “Piedra y camino”, una muestra-homenaje íntima, alrededor de la obra y la personalidad de Atahualpa Yupanqui, a propósito de conmemorarse el vigésimo quinto aniversario de su partida. En esta conversación, Alejandro Ghillermet, curador de la muestra, nos presenta parte del reverso de este recorrido, a través de una de las figuras más importantes de la cultura argentina y latinoamericana.

 

“El silencio es un elemento cotidiano. El hombre se desenvuelve en el silencio”; -sentenciaba Atahualpa Yupanqui, desde un reportaje fechado en México, en 1982, época de uno de los afiches que se exponen, y desde el mismo lugar de una foto tomada diez años antes, que está unos centímetros a la izquierda del afiche (frente a la Alameda Central y a Benito Juárez… “él vela mi sueño cuando vengo a México”).

Tal vez, por aquello de que “El silencio no es timidez, ni temor, simplemente es pies en la tierra, corazón caliente y cabeza fría; el silencio ayuda a la prudencia…”; a propósito, o por descuido; la muestra “Piedra y camino” no tiene música. Y a nadie parece molestarle esa ausencia de sonidos tan extraña en estos tiempos. Suficiente música surge de las cartas a Nennete o a su hijo “Kolla”, del original mecanografiado del poema “El malón” (homenaje a Santiago Ayala, “el chúcaro”), o del manuscrito de la canción “Rancho tucumano”, o de esa canción-poema dedicada a Neruda que empieza diciendo “Pablo nuestro que estás en tu Chile”.

Testigo y protagonista de su tiempo, Atahualpa Yupanqui supo comprometerse y sufrir en carne propia las consecuencias de ese compromiso; como así, también, supo elaborar “sabiamente” los descubrimientos, las paradojas y los cambios de ese mundo que él iba viendo con sus ojos criollos. Por eso, en “Piedra y camino”, se exhiben los programas de los conciertos que realizó en su primera gira “europea”, entre 1949 y 1950, por Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumania; países de los que, años después, le diría a su hijo “Kolla”: “No encontré allí pueblos con alegría”.

Pero, Atahualpa Yupanqui no sólo fue un exquisito compositor e intérprete, con una obra musical reconocida mundialmente. También fue un prolífico escritor; y, en “Piedra y camino”, se exhiben distintas ediciones de su obra literaria, como “Piedra sola”, “Aires indios”, “Tierra que anda”, “Horizontes de piedra” (de la que se exhibe, también, el afiche original de la película estrenada en 1956, basada en dicha obra), y de “Del algarrobo al cerezo” (apuntes de un viaje a Japón).

“Piedra y camino” no sólo expone un puñado de fragmentos de la intimidad de Yupanqui; sino que está concebida “desde la intimidad” del artista, para convocar al espectador a una actitud de complicidad, de diálogo secreto. Como respetando aquella máxima de Pablo Casals que Yupanqui había hecho propia: “Yo no toco para todos; toco para cada uno”.

Alejandro Guillermet; ¿Cómo se dio o se fue dando la posibilidad de esta Muestra Homenaje?

“Como Bibliotecario de la OEI, a cargo del resguardo de la colección del CEDODAL; y como colaborador de la Fundación Atahualpa Yupanqui, y gracias a la idea sugerida por Cristina Álvarez Bordón, y al apoyo del arquitecto Ramón Gutiérrez, propuse la realización de esta muestra, y pudimos concretarla dentro del ámbito de las muestras institucionales que realizamos conjuntamente entre la OEI y el CEDODAL”.

¿Por qué “Piedra y camino” y no “La añera”, o “A qué le llaman distancia”, o cualquier otro de los tantos títulos que produjo Yupanqui?

“Cuando definimos la muestra, repasé interiormente canciones, frases, conceptos ´yupanquianos´, y traté de justificar porqué mi búsqueda y mi demanda hacia su obra. Me vino la idea de ver que el transitar por la vida es eso; ´piedra y camino. O sea; poder saber, recorrer y transitar los senderos, sabiendo de los obstáculos-piedras que nos harán detener en dos sentidos. Uno el del problema. El otro; el de la contemplación que nos hará serenarnos y darnos las herramientas para solucionarlo”.

En una célebre entrevista que le hicieron Pipo Lernoud y Héctor Ariel Olmos para la revista “Expreso Imaginario”, Yupanqui contaba que pese a la formación musical clásica o culta que quería imponerle su padre, a él “el corazón le tiraba para el lado de las vidalas y las milongas”. Decía: “Siempre. Toda la vida escuché y sentí eso. El aire me lo traía. De noche escuchaba alguien que silbaba mientras desensillaba un caballo, al terminar el día. Siempre era un aire de la tierra; nunca ajeno al paisaje”. ¿Cómo fue el aire que te lo trajo a Yupanqui, o el que te llevó a vos hacia él?

“Desde mi adolescencia tuve un acercamiento hacia el tango. Una vez que obtuve mi primer trabajo, en una confitería de Buenos Aires, el sereno de la misma, Alberto Aznar, terminó de hacerme enamorar del género, y comencé a coleccionar grabaciones. Ante mi ansiedad coleccionista, enterarme de que Yupanqui tenía grabados dos tangos hizo que adquiriera una colección editada por Pagina/12. Definitivamente fue un camino de ida. Descubrí al intérprete de guitarra, y me dejé invadir el alma con su poesía y obra literaria”.

                Cuando llegó a tus manos todo el material que dio origen a “Piedra y camino”; ¿cómo recordás que fue el encuentro con semejante legado o patrimonio?

“Tengo que confesar que para mí significó una serie de sensaciones… Reencuentros con imágenes que conocía por haber visto publicadas, y lo mejor fue el encuentro con lo desconocido, y poder disfrutar y armar los recorridos de esas series fotográficas. Y otro detalle, ver las notas que Atahualpa escribía por detrás de las fotos, hicieron palpable un veta de humor que desconocía del intérprete”.

 

¿Qué te fue “diciendo” el material, mientras lo fuiste revisando y seleccionando?

“Yupanqui, entre tantas definiciones, es el “Hombre Folklore”. Revisitarlo, o ponerlo a conocimiento a partir de una muestra fotográfica era un desafío por la pre conceptualización que poseo del hombre. Por mi parte, ver este material me “conversó” de un Yupanqui amante de la fotografía, inquieto por retratar ese mundo que recorrió”.

Ernest Hemingway decía que cada cuento es como “la punta de un iceberg”, que lo que el lector puede percibir es, apenas, una parte representativa de una historia mayor. ¿Pasa lo mismo con estos documentos que se exponen? ¿Querés contarnos algunas de las “historias mayores” que cada uno o algunos de estos documentos representan?

“Si la obra de Yupanqui es sumamente representativa de La Palabra, del dicho que dice ´una imagen vale más que mil palabras´; con este trabajo puedo rehacerla en ´una imagen representa mil palabras´. Ver las tres fotos seleccionadas para representar su relación con el Japón, a mí me refieren a uno de sus libros; ´Del algarrobo al Cerezo´, crónicas que describen sus impresiones durante la primer gira realizada en ese país”.

En la foto “institucional” de la muestra, aparece Yupanqui dialogando con Marta Traba, en Bogotá, en 1964. ¿Por qué la elección de esa imagen?

Aquí pesó el ojo selectivo del arquitecto Gutiérrez, que para acercar más la muestra a los fines institucionales, esa imagen da un marco más cercano a lo patrimonial de la figura ´Yupanquiana´. Marta Traba se destacó como pedagoga, crítica de arte y escritora, con un relevante desempeño en Colombia, donde fundó el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Esta foto, tomada en Cali, sintetiza el alcance continental de ambos, que, además, eran compatriotas”.

“Piedra y camino” es una biografía en imágenes. Imágenes cargadas de palabras, que tienen música y que tienen aire. Una música y un aire que nos devuelven a la esencia misma de cada cosa y de cada ser que nos rodea. Una esencia que las provocaciones cotidianas nos obligan a distraernos, a perder de vista. Y “Piedra y camino” nos restaura, de pronto, ese sentido verdadero, primario; a través de imágenes, de silencios, de palabras y de unos paisajes que ordenan, “que aconsejan”.

-“Y es que la cosa no es mero cantar”; -decía Yupanqui.

 

JUANJO IZAGUIRRE

Buenos Aires, otoño de 2017